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EDITORIAL

Venus y Serena, 20 años de exitos

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by Mariano Gombi

Cuando Venus primero y Serena después irrumpieron en el panorama tenistico, a finales de los años 90 del pasado siglo, tuvieron que aguantar no pocos gestos escépticos y miradas de soslayo. Eran los tiempos de las niñas prodigio, jugadoras más próximas a los 15 que a los 20 años que jugaban -y ganaban- finales de 'Grand Slam', que sonaban desde mucho antes de que debutaran y no pocas de las cuales se quedaban en el camino.

Estados Unidos no había tenido ninguna desde los tiempos de Jennifer Capriati, pero eso había sucedido ya en los inicios de la década -oro olímpico en 1992- y su devenir posterior, de pequeña delincuencia y drogadicción, no invitaba a que el tenis más potente del mundo la tomara como representante.

En este contexto, el que dos hermanas afroamericanas provenientes de un ghetto de Los Ángeles aspiraran a situar a los Estados Unidos en el tenis del siglo siguiente era sospechosamente oportuno. Más aún porque Venus, la mayor, ya contara con jugosos contratos publicitarios antes de debutar en el circuito.

Y también por el histriónico comportamiento de su padre, Richard, que atribuía un papel mesiánico a sus hijas para la comunidad negra de Estados Unidos, aparte de arrogarse el exclusivo mérito de haberlas creado, cuando en el mundo del tenis ya se conocía el papel del prestigioso entrenador Rick Macci en su formación y desarrollo.

El respeto del circuito Pero las hermanas se ganaron el respeto sobre la pista. En su primer torneo -Stanford, 1994- Venus puso contra las cuerdas a Arantxa Sánchez Vicario, que al año siguiente sería número uno (6-3 y 3-1 antes de que la española remontara).

En 1999, ya con Serena en el circuito, las hermanas se enfrentaron en su primera final: nada menos que Miami, el Quinto Grand Slam. Y aunque su padre montó en la grada un espectáculo paralelo -también por aquellos años se le acusaba de organizar los resultados de los partidos entre ambas-, ya nadie podía dejar de reconocer que Venus y Serena eran dos tenistas de mucho fuste.

18 años después de aquella primera final ambas vuelven a enfrentarse en otra. En aquella tarde de abril de 1999 ambas ponían sobre la pista 35 años entre ambas. Mañana, en la del Abierto de Australia, su edad conjunta será de 71.

Y, como supervivientes de entre las niñas prodigio, el mundo del tenis ha perdonado sus turbulentos inicios. Esos 36 años de diferencia entre su debut y el momento actual han sido, para ellas, varias vidas tenísticas.

Han ganado Grand Slams, han ocupado el número uno, han reinado en dobles, ganado conjuntamente medallas olímpicas pero sobre todo han sorteado varias veces lesiones y enfermedades que bien pudieron significar el final de sus carreras.

En 2004, Venus estuvo seis meses de baja por una lesión abdominal. En 2007, cuatro meses más por la muñeca. En 2012, seis meses por el Síndrome de Sjogren, que atacó su sistema inmunológico.

En 2006 Serena jugó solamente cuatro torneos por una lesión de rodilla. En 2011 unas dificultades para respirar no eran una simple baja forma como ella pensaba, sino una embolia pulmonar que pudo ser muy grave de no ser detectada a tiempo...

De todo ello han vuelto Venus y Serena. Cuando la mayor superó el Síndrome de Sjogren, la menor la felicitó reconociendo que la inspiraba "más allá de las palabras". Todo eso lo pondrá sobre la pista en la final que este sábado enfrentará en el Abierto de Australia a la pareja que más historia ha hecho en el tenis.

Evert y Navratilova estuvieron 14 años jugando finales. Ellas llevan 18. De momento. .

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