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EDITORIAL

La vida del fan, post Federer.

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by Mariano Gombi

Hace unos días, cuando los medios suizos comenzaron a barajar la posibilidad de que Roger no jugara en Paris, no dudé en escribirle a Tony Godsick, quien, además de ser el manager del suizo, y su socio, es marido de la genia de Mary Joe Fernández, quien es capitana del equipo norteamericano de Fed Cup.

Le escribí, por que, se que siempre que lo consulto en algo, me dice la verdad y sin rodeos, como cuando el Grupo Pegaso, buscaba traerlo a la CDMX en el pasado Marzo, y la respuesta de Tony fue clara: "Roger juega tres exhibiciones al año, la IPTL, el día mundial del tenis (en años salteados) y una más, que lleva su nombre, a beneficio de su propia fundación, por lo que, es imposible que vaya a México en Marzo", luego, tras el accidente de la rodilla izquierda, operación de meniscos y la aparentemente asombrosa recuperación de la lesión, la espalda, esa maldita lesion lumbar, que lo dejó sin poder jugar la final del Masters 2014, volvió a atacar.

La respuesta, otra vez, muy concreta y sincera, encendió luces y alarmas en mi cabeza: "No lo sé, ni el lo sabe. Va a probar dos horas mañana, si la espalda no le queda dura, tras dos horas de entrenamiento, seguramente juegue, pero no puedo darte una respuesta que no conosco".

Se me vino a la mente, la no presentación en Madrid, y lo lento que lo vi en Roma, frente a Thiem, tal vez, 2 o 3 pasos más lento de lo usual, y comencé a pensar que sería posible. Hoy, pasado el mediodía, estaba en las oficinas de Aeroméxico, cuando un amigo y redactor de esta revista, me hace sonar el teléfono: "Se bajó Roger, la nota ya está lista".

Me senté y perdí la noción de cuantos minutos tuve la mirada perdida. Alarmas no sonaban en mi cabeza, ni luces de colores....un único pensamiento dominaba mi mente, ya está, tengo que verlo de nuevo, una vez más y despedirme.

Lo más probable es que Federer llegue en buenas condiciones a Wimbledon, que participe de los Juegos Olímpicos de Río y que brille en algunas bulliciosas noches del próximo US Open. Pero el adiós está ahí nomás, a la vuelta de la esquina.

Se huele, se advierte. Por la espalda maltrecha, por las desgastadas rodillas o por lo que sea. En definitiva, por el paso del tiempo. Puede ser una actitud egoísta de uno, pero es difícil aceptarlo. Inmediatamente imagino cómo será el tenis sin un artista como Federer.

Ya sé que el mundo seguirá girando, que la Bolsa de valores de Nueva York continuará funcionando o que los atardeceres en Acapulco, seguirán regalando pinturas dignas de Monet; no hace falta que me lo digan.

Lo sé. Pero, insisto, nada será igual en el deporte. Todo es una cuestión de gustos, de sentimientos. A muchos, creo que a la mayoría, Federer nos provoca respeto y admiración general. Desde su elegancia y precisión para practicar un deporte tan difícil y competitivo hasta su comportamiento fuera de los courts.

Y no sólo ante sus fanáticos, sino también frente a la prensa, los organizadores de los torneos y los auspiciantes. Federer "entiende el juego" como nadie y lo pone en funcionamiento. Alguna vez ha tenido actitudes reprochables, sí; es humano y de muy joven tenía un carácter irascible.

Pero sus logros están sobre la mesa. Trataré de ir a Wimbledon, por que verlo jugar en su jardín, no tiene comparación con ver, siquiera, a Rafa en el Chatrier, son dos cosas muy diferentes. Pero una cosa, es segura.

A mi esposa, le digo, que leerá esto desde nuestra amada Mérida: "Este año, vamos al US Open, te prometí que verías jugar a Roger, al menos, una vez, en vivo". Más allá de eso, mi sensación de continuidad, en cuanto a la leyenda viviente que sigue forjando el buen "Rogelio", no llega al año próximo.

No saben, que ganas que tengo de equivocarme... .

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