Toni Nadal: "Sacar otro Nadal no es imposible"


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Toni Nadal: "Sacar otro Nadal no es imposible"

—¿Cómo empezó su historia con Rafael?
—De muy pequeño, su padre, Sebastià, lo llevó un día a la escuela del Club Tenis Manacor, de la que yo era director y entrenador.

Tenía tres años, le lancé algunas bolas y acertó. Vi que tenía buena coordinación e intenté que siguiera. Pero era demasiado pequeño y pasó un año hasta que empezó a venir asiduamente a jugar.

Desde los cinco, ya comenzó a entrenarse dos o tres veces por semana. —¿Cuándo se dio cuenta de que podía ser bueno?
—Más tarde, con seis o siete años ya vimos que era un chico que podía hacerlo bien.

Yo había entrenado a un chaval que fue el número dos de España alevín, y vi que mi sobrino tenía mayor disposición para el juego. Ahí me di cuenta de que podía jugar bien.

—¿Cuál es su primer recuerdo con su sobrino en un torneo?
—Con ocho años ganó su primer torneo importante, no sé si fue el primero de todos incluso, el Campeonato de Baleares de Sub-12.

Eso fue ya decisivo para ver que tendría posibilidades, porque nadie había logrado ese éxito con cuatro años menos del tope del torneo. Fue algo insólito. A partir de ahí vimos que tendría posibilidades.

—¿Y el primer éxito significativo como profesional?
—A Rafael le fue yendo bien desde el principio. En edades de formación ganó el Campeonato de España, el de Europa, el oficioso del mundo… Y como profesional, sus primeros partidos importantes los sumó en Montecarlo.

Venció a Albert Costa y a otros tenistas importantes. Con 18 años levantó su primer título en Sopot y las expectativas siempre fueron altas. —¿De dónde sacó usted sus conocimientos de tenis?
—Intenté ser jugador, no fui lo suficientemente bueno, pero más o menos llegué a un buen nivel.

Cuando regresé de Barcelona, donde me preparaba y estudiada, ya me puse a entrenar. En el ámbito profesional siempre fui entrenador de tenis, no el tío de Nadal. Tenía éxito a nivel de Baleares, con una escuela con muchos chicos que jugaban bien.

—¿Qué anécdotas guarda con más cariño de sus primeros viajes con Rafael?
—Algunos recuerdos, pero las mejores son las que vivimos cuando él era más pequeño.

En los torneos a los que íbamos con otros compañeros de la región, lo pasábamos muy bien. —Él, al principio, decía que le gustaba más la pista dura y la hierba, pero luego triunfó en tierra…
—Cuando yo empecé a pensar que él sería un buen jugador, con 14 o 15 años, mi ilusión y lo que le inculqué es que teníamos que intentar ganar Wimbledon, porque en España casi no se había hecho.

Solo Manolo Santana 40 años antes. Pero Rafael terminó jugando mejor en tierra porque era la superficie en la que más partidos disputaba. Siempre lo hizo mejor, pero nunca abandonó la idea de hacerlo bien en pistas rápidas e intentamos ir mejorando.

De pequeño funcionaba, pero como profesional empezó a irle mejor en arcilla. Así se adaptó tan bien. —Usted ha dicho que nunca fue dado al halago, que fue duro, ¿llegó a haber tensión en los entrenamientos?
—Tensión, no.

Evidentemente hubo momentos difíciles, porque cuando tú le dices a alguien lo que no le gusta escuchar, no siempre le viene bien. Es impensable que con una relación como esta en el mundo del deporte sea siempre una balsa de aceite.

Lo mismo que me imagino que Zidane en el Madrid o Guardiola en el City tendrán momentos en los que exigirán más y el jugador ya crea que hace todo lo posible. Todo ha ido dentro de la máxima normalidad y del máximo respeto de Rafael hacia mí.

No ha habido más de lo normal en cualquier relación. —¿Qué es lo mejor que le ha enseñado a Rafa y lo mejor que él le ha aportado a usted?
—Yo, básicamente dos cosas: que no estuviera nunca suficientemente contento con lo realizado y siempre quisiera algo más, algo que creo fundamental en cualquier aspecto de la vida; y a nivel de juego, una entrega total en lo que hacía.

Como yo estaba muy involucrado en el trabajo, era fácil que él lo estuviera también. Porque yo estaba muy cerca de él para apretar constantemente. Se acostumbró a trabajar con la máxima intensidad.

¿Lo que él me ha aportado a mí? Su capacidad de trabajo, su determinación a la hora de salir a ganar, y su empuje para solventar los problemas que le fueron surgiendo, las lesiones… —¿Desde su punto de vista personal, cuáles han sido los mejores momentos de todos estos años?
—Los mejores han sido entrenando.

Recuerdo cuando Rafael era más joven que lo pasaba muy bien, porque disfrutaba de los pequeños avances. Intentaba que él mejorara y eso es lo que he destacado siempre. No sé si una victoria me ha producido más satisfacción de la que me produjo ese trabajo.

Pero hubo grandes momentos, como la primera victoria en Montecarlo, el primer Roland Garros o el primer Wimbledon, que fueron muy especiales. También el estreno en Copa Davis. —¿Y lo más duro?
—Las lesiones y alguna derrota, como la de Australia contra Djokovic (2012), dura.

Pero sobre todo la incertidumbre de vivir con la Espada de Damocles encima de la cabeza, de no saber si los problemas físicos se solventarían o no. En ese sentido, Rafael siempre ha tenido la ayuda del médico de la Federación, Ángel Ruiz Cotorro, que siempre ha sido un tipo muy positivo en los momentos más complicados.

Eso nos ayudó mucho. —¿Qué es lo que más va a echar de menos ahora?
—Los viajes. A mí me gustaba mucho ir a Australia. Pero cuando estaba allí también echaba de menos Manacor.

Al final, en la vida todo no se puede tener. Añoraré la tensión de los torneos, el tener un objetivo en la vida de superación… —¿Seguirá mucho a su sobrino desde la distancia?
—Supongo que veré sus partidos por la tele, lo normal.

No como exentrenador, sino como tío, porque si tengo un familiar que juega, lo veré. Yo solía seguir todos los partidos de mi hermano Miguel Ángel cuando estaba en el fútbol. —¿Se siente reconocido y querido en el mundo del tenis?
—Sí.

Bastante reconocido. Creo que mucha gente valora más mi trabajo, tal vez más de lo que merezco. —¿Qué sintió en el Masters de Londres, su último torneo con Rafa?
—Al principio no pensé mucho en lo personal, porque estábamos con esos problemas de la rodilla de mi sobrino.

Cuando vi que Goffin nos ganaba, ahí ya me di cuenta de que era mi último partido como entrenador. Bueno, por una parte me entró nostalgia viendo que ya no viajaría ni haría lo que había hecho en los últimos años.

Pero procuro hacer todo en la vida con la máxima tranquilidad y normalidad. Siempre hay momentos de cambio, y en el aspecto profesional uno pasa de ser un trabajador a convertirse en un jubilado. —¿Es imposible sacar a otro Nadal?
—Totalmente, no.

Porque si en Manacor nos hubieran dicho hace unos años que iba a salir un chico como él, no nos lo hubiésemos creído. Nadie. Luego ha ganado 16 Grand Slams y sé que es muy difícil mejorarlo tanto en la Academia como en cualquier otra parte del mundo.

Solo hay un jugador, Roger Federer, que ha superado los títulos grandes de Rafael. No es fácil ni siquiera pensar en que salga un buen jugador, pero es en lo que trabajamos cada día. En lo que volcaremos nuestro esfuerzo.

—Hablando de Federer, ¿usted ve con opciones a Rafa de jugar hasta los 37 años y superar al suizo?
—Eso va a depender solo del asunto de las lesiones. Si el cuerpo le trata bien, yo creo que a Rafael le queda cuerda para rato.

Ilusión a él por intentarlo no le va a faltar. —¿Le ve mejor jugador ahora?
—Yo creo que era mejor en 2013, aunque evidentemente con los años, y según sus facultades, va mejorando su concepción del juego porque sabe que ya no puede correr tanto o que debe sacar mejor porque si no la pelota le vendrá demasiado rápida después.

—¿En qué puede mejorar aún?
—Sacando aún lo puede hacer mejor, y debería. Tiene que acortar aún más los puntos e ir más veces a la red.

Este año lo ha hecho y le ha ido bien, pero a partir de ahora lo decidirá el equipo (Carlos Moyá y Francis Roig) y no yo. —¿Qué sintió en aquella ceremonia del último Roland Garros (le entregó una réplica de tamaño natural a su sobrino)?
—Me sentí emocionado porque no lo sabía.

Me vinieron a buscar tras la final, una directora de allí, y me dijo si podía bajar. Quedé agradecido por el detalle. Habían sido años complicados los anteriores, y volver a ganar allí fue muy importante para nosotros.

—¿Si surgiera un gran jugador en la Academia, se plantearía volver a ser entrenador profesional?
—No lo sé, lo tendría que pensar. Viajar a tiempo completo sería difícil, pero sí me haría ilusión hacerlo con algún jugador de la Academia en algunos torneos.

Ya veremos. —¿Qué legado deja usted al tenis?
No creo que haya sido mucho. Pero yo destacaría la ilusión por encima de todo, la convicción a la hora de superar las dificultades y la entrega y el compromiso con lo que hacíamos.

Hay otra cosa, la idea de ganar, sí, pero no a cualquier precio.