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RAFAEL NADAL

Rafael Nadal y su decima

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by Cesia Alvarado

Las canchas de tenis de Roland Garros favorecen a los jugadores defensivos, con una preparación física sublime, capaz de mezclar piques cortos y cambios de dirección como un velocista con las virtudes de un maratonista y aguantar durante horas los peloteos largos implicados en ganar un partido.

La paciencia necesaria para descolocar al contrario y esperar el momento oportuno para tratar de ganar el punto es esencial. Mantener la concentración enfocada durante largo tiempo no es un tema menor. En los años setenta la supremacía del ‘hombre de hielo’, Björn Borg, en el torneo de París era aplastante.

Los jugadores llegaban al torneo y miraban el cuadro principal para ver que lejos podían llegar antes de enfrentar al sueco. El pronóstico era simple: antes de empezar, Roland Garros ya tenía un campeón.

El vikingo se retiró a los veintiséis años habiendo ganado seis veces el torneo, un record que muchos pensamos imposible de repetir. Era el fin de los años románticos, esa legión de jugadores que junto con Borg dieron al tenis una variedad rica en personalidades: el talento callejero de Nastase, el genio improvisado de Mc Enroe, la tenacidad obsesiva de Guillermo Vilas, la intensidad competitiva de Connors, el checo sin sentimientos Ivan Lendl y tantos otros.

Era el tiempo de los pantalones cortos y el comienzo de otra era. El dinero creó su séquito de managers, entrenadores, psicólogos, nutricionistas, preparadores físicos, familiares, amigos. La incursión de raquetas de metal dieron al jugador una potencia en el juego desconocida y el juego de base se convirtió en una manera ofensiva de jugar desde el fondo, usando la derecha en ¾ de la cancha como una arma fundamental.

Paciencia sumada a la potencia pasó a ser el motivo.
Rafael Nadal es el prototipo de jugador que juega bien en todas las superficies pero sin duda alguna es en las pistas de tierra batida donde encuentra el máximo de su rendimiento.

El español logró superar ampliamente el record de Borg y solidificar su leyenda con su décimo título de Roland Garros. ¡Diez títulos! Algo impensable, maravilloso, real. El español ya es inmortal.

Un hito en la historia del deporte que trasciende la credibilidad. Los avances tecnológicos a disposición del equipo de un jugador sin duda es un aporte fundamental para prolongar la vida de un tenista, curar lesiones, la readaptación física mediante estímulos, alimentos, la neurociencia o lo que sea.

Luego de un tiempo largo sin victorias en torneos de Grand Slam, con el cuerpo lesionado y lleno de dudas sobre su futuro mientras se miraba su descenso en el ranking y el paso del tiempo, el español logró resucitar.

En el abierto de Australia, cuando se enfrentó a Roger Federer, los entusiastas del tenis extasiados ante el espectáculo se pensaba que era un regalo de Navidad, un día memorioso, uno de los últimos recuerdos de un ayer.

Una casualidad. Sin embargo la actuación en este torneo confirmó la vuelta de Rafa al circuito con todas las armas que lo hicieron campeón. Su mente volvió a encontrar su lugar en la cima y cuando eso sucede Nadal es muy peligroso.

El español puede volver a ser número uno y puede ganar otros torneos de Grand Slam en los próximos años. Solo necesita cuidar su cuerpo, jugar menos, saber elegir. Nadie mejor que él para conocer el secreto.

Viejo es el viento pero todavía sopla. .

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