Nadal, la bestia que teme a la oscuridad


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Nadal, la bestia que teme a la oscuridad

Dentro de la cancha los jugadores llegan a ser bastante conocidos, su estilo de juego, sus más grandes victorias, y hasta su manera de vestir se convierte en tendencia. Fuera de ella la vida es otra y son muchos los que van tras la intimidad de sus ídolos.

Uno de los más queridos y conocidos es el mejor tenista español de todos los tiempos, Rafael Nadal, el zurdo catalogado como una “bestia” por su potente juego y mentalidad ganadora, la misma que le ha traído quince títulos de Grand Slam.

El sobrino del ex futbolista Miguel Ángel Nadal, quien militó en el Mallorca y en el Fútbol Club Barcelona, tiene sus “maneras” o rituales para entrar en concentración, como aquel que describió Roger Federer en uno de los tantos túneles que los reunió antes de definir un título.

El suizo relataba a un medio de su país que en el vestuario Nadal no paraba de correr y hacer ejercicios de precalentamiento, en sus oídos unos audífonos que lo alejaban del mundo y la presión que lo rodeaban para aquel épico momento, pero lo que más llamó la atención del suizo fue el instante en el que el mallorquín se enfundaba la cinta que siempre usa en su cabeza al momento de jugar.

“Es como si se transformara en otra persona”, soltó el dueño de diecinueve grandes.

A este radical cambio, del chico tímido y de bajo perfil, le encontramos otra vida, la del Rafael que muy pocos conocen o han llegado a ver, esa intimidad en la que “Rafa” no apaga las luces ni para dormir.

Sí, así como lo leen y han podido comprobarlo los lectores de su libro “Mi historia”, desde niño Rafael duerme con la televisión encendida o al menos con alguna luz que ilumine el espacio donde está.

Cuando era niño no pasaba más de media hora sólo en su cuarto y cuando sus padres salían encendía todas las luces y colocaba la televisión a todo volumen para no escuchar ningún ruido.

Otro de sus miedos es el mar, lo más irónico es que en su tierra natal tiene una embarcación donde disfruta con su familia, pero su más grande miedo es perder a alguno de ellos y en cada momento que puede llama o envía un mensaje a sus familiares más cercanos para cerciorarse de que todos estén bien.

Nadal, desde que apareció como promesa con diez años en la revista “Tenis a fondo”, publicación española especializada, ha generado mucha curiosidad e intriga y se ha dejado ver como un ser humano más, un mortal como todos nosotros.

Una anécdota muy simpática resalta de los recuerdos de su infancia cuando pensaba que su tío Toni era mago y hasta le hizo creer que fue jugador del Milan de Italia y que llegó a ganar varios Tour de Francia.

“Natali”, como supuestamente era conocido Toni Nadal en el mundo del fútbol italiano, le colocaba videos al pequeño Rafael, videos donde ya sabía lo que iba a ocurrir pero que su sobrino no advertía.

“Ahora voy a hacer que ese jugador se lesione”, soltaba Toni frente al televisor. De inmediato, el jugador se lesionaba y era retirado del terreno de juego. Imaginen la cara de Nadal.

Otra de las historias nos lleva a su primer torneo con siete años.

Allí se enfrentaría a jugadores mucho mayores que él, tres y hasta cuatro años de diferencia, y temía ser apabullado por sus rivales. Toni le repetía que él era mago y que si veía que la cosa iba mal, iba a hacer que lloviera.

Rafael comenzó a jugar y llegó a colocarse en desventaja por 0-4, pero poco a poco levantó su juego y comenzó a ganar hasta colocarse 3-4 pero…la lluvia apareció. Cuando se encontraron Toni y su sobrino, el pequeño Nadal le dice: “Natali para la lluvia que yo creo que le gano”.

Entre las cosas increíbles que se desprenden de la vida de este campeón es que no cree que sea maniático, y si, a muchos nos viene a la mente cada vez que coloca las botellas frente a su banco en cada encuentro.

El entrenador y su discípulo veían la película “Mejor Imposible” y Rafa exclamó: “¡Vaya tío más maniático!”, a lo que Toni reaccionó: “Como tú”, y Rafa concluyó con: “¿Yo? Para nada.

Yo no soy maniático”. Dice Toni en una entrevista que no sólo ha conservado sus viejas manías, sino que ahora, con el paso del tiempo, ha ido añadiendo nuevas. Sumada a la de las botellas, otra de las que resalta y recuerda mucho el seguidor del tenis es la de no pisar nunca las líneas de la cancha cuando la pelota no está en juego.

Pero las notas curiosas no quedan allí. La final del 2008 en Wimbledon ante Federer, esa película maravillosa que protagonizaron estos dos superhéroes hasta el anochecer londinense, le dejó la peor sensación que hasta ahora ha vivido en su carrera.

En el segundo punto para partido que tuvo, en el desempate del cuarto set, Nadal sacó como siempre cuando juega contra Federer, a su revés. Al golpear la pelota pensó que había ganado Wimbledon pero Roger le devolvió un revés paralelo ganador y se dijo: “Pues va a ser que aún no”.

Al levantar un título las imágenes nos muestran a un Nadal más que feliz, ese que extrañamente muerde los trofeos, algo que surgió en el año 2005, específicamente cuando ganó Montecarlo ante el argentino Coria.

Nadal pensaba en hacer algo distinto a todos los demás que besaban el trofeo y de una manera simple e improvisada surgió lo que hace hasta hoy día cada vez que gana, morder el trofeo de Campeón.

Rafael no solo es una estrella, también es un asteroide, sí, así como lo lee. El asteroide 128.036 que pertenece al cinturón de asteroides que orbita entre Marte y Júpiter, según el Minor Planet Center, lleva el nombre del tenista español.

Desde julio del 2008, y gracias al Observatorio de Mallorca que hizo la petición, este asteroide lleva el del ganador de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

Rafael Nadal es un jugador que ha vuelto a su mejor momento, ha vuelto a ser la bestia que ganó su primer Roland Garros a los diecinueve años ante Mariano Puerta y que tanto regaló a este deporte, una “bestia” al que nada lo intimida.

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